El Correo Gallego

Tendencias » El Correo 2

Vidas cruzadas: cuando Chema Ríos retrató a un paisano en la N-550

En 1977 el polifacético ginecólogo le hizo una foto a un desconocido en las afueras de Santiago // Después de 40 años y gracias a las redes sociales, ha conseguido encontrar a su familia y cumplir una vieja promesa

Don Atanasio, el veterinario municipal y padre de Chema Ríos, poniendo una inyección a una vaca. Fueron sus constantes visitas a las aldeas las que originaron la enigmática foto
Don Atanasio, el veterinario municipal y padre de Chema Ríos, poniendo una inyección a una vaca. Fueron sus constantes visitas a las aldeas las que originaron la enigmática foto

ELVA OTERO FOTOS CHEMA RÍOS   | 13.08.2017 
A- A+

El destino nunca deja cabos sueltos. Más tarde o más temprano el tiempo pone las cosas en orden. Algo así es lo que le ha pasado al compostelano Chema Ríos, ginecólogo de profesión y gran apasionado de la fotografía y de la música. Cuatro décadas después de retratar a un paisano de la parroquia de Marantes -hoy sabe que se llamaba José Ferreiro y que falleció en 1996- ha sido capaz de cumplir una vieja promesa y entregar aquella imagen a sus descendientes. Las pistas eran pocas y la búsqueda no ha sido nada fácil. Para empezar, no sabía ni su nombre, ni dónde había tomado la foto exactamente. Lo único que recordaba es que fue en algún punto de la carretera que une A Coruña y Santiago (N-550), en las inmediaciones de Sigüeiro. Parecía imposible, pero gracias a su tesón y al poder de las redes sociales finalmente su historia ha tenido final feliz.

Corría 1977. España cambiaba de ciclo. Dejaba atrás la dictadura y la democracia se abría paso. Veterinario municipal, don Atanasio Ríos recorría las aldeas de Santiago de sol a sol. Muchas veces le acompañaba su hijo, un joven estudiante de Medicina que siempre iba con su cámara encima. "A mi padre lo querían mucho. Iba a atender a los animales a cualquier hora del día, incluso de madrugada. Y en muchas ocasiones ni siquiera cobraba", recuerda Chema. En uno de aquellos viajes entre el casco urbano de Compostela y las granjas, el ginecólogo percibió la silueta de un labrego que se desplazaba por el asfalto con sus aperos a hombros. "Era el prototipo de hombre rústico y por eso le dije a mi padre que parara el coche", narra.

Sin smartphones, ni cámaras compactas al alcance, lo de hacerse una foto en la Galicia de entonces era algo bastante singular. No sin ocultar su sorpresa, el paisano accedió amablemente y solo le pidió que le regalara la foto. "Acabé la carrera. Me fui a trabajar al hospital de A Coruña y, con la autopista, dejé de pasar por esa carretera. Por si fuera poco, perdí el negativo. Pero siempre me quedó en la cabeza esa cuenta pendiente", relata. Cuatro largas décadas pasaron hasta que Chema consiguió cerrar el círculo y cumplir su promesa. En una de esas sesiones rutinarias que se organizan para poner orden en casa, recopiló los negativos de las muchas fotos que había ido almacenando para digitalizarlos. Y en medio, como si una alerta del destino se tratase, apareció el de José Ferreiro. "Recuerdo su mirada penetrante. Tenía algo distinto y merecía ese gesto por mi parte. Era lo mínimo que podía hacer", confiesa. Lo de ponerse a buscar puerta a puerta en una ubicación de la N-550 sin concretar era un propósito abocado a un fracaso casi seguro. Por eso pensó en las redes sociales y a principios de junio colgaba la imagen en su perfil de Facebook. La publicación se compartió más de 4.200 veces y registró más de 340 comentarios, alguno de ellos muy útil a la hora de arrojar luz a la búsqueda.

"Este señor era vecino mío, murió sobre 1996. Vivía al lado de la 550, entre Sigüeiro y Finsa". La aportación de Víctor Mosquera Ferreiro fue clave para tirar del hilo y reconstruir el rompecabezas de Chema. Foto en mano, empezó indagando en Ordes. Después se fue a Oroso. Cada vez se iba acercando más a su objetivo y en una parroquia limítrofe con este último Concello, ya en el término municipal de Santiago, encontró a la familia de José Ferreiro. "Al principio, los vecinos eran reacios a abrir la puerta de su casa a un extraño. Pero en cuanto mencionaba el nombre de mi padre, enseguida les cambiaba la cara. Aunque ya lo sabía, ahora soy realmente consciente de lo apreciado que era don Atanasio", continúa.

En la casa de José Ferreiro le recibió su nuera pocos días después de iniciar las pesquisas en Facebook. Superados los resquemores de los primeros momentos, contrastaron entre ambos el retrato de Chema con las fotos antiguas que iban saliendo de los cajones. Y efectivamente era él. "Fue muy emocionante", cuenta. A la escena no tardó en sumarse Andrés, el hijo del protagonista de esta historia de vidas cruzadas. Siempre hospitalarios con el descendiente del popular veterinario, le ayudaron a reconstruir la biografía de aquel hombre que, con su mirada, le mantuvo cuatro largas décadas en vilo.

La foto que Chema Ríos tomó a José Ferreiro, ya fallecido, en la N-550 en el año 1977

OBRERO DE LAVACOLLA. Fallecido en 1996, José Ferreiro tendría hoy 103 años. Don Atanasio 109. El rural les unió en la década de los 70 y ahora son sus hijos los que les rinden homenaje con el mismo escenario como telón de fondo. Su tributo en la discreta parroquia de Marantes no se exhibe con placas o monumentos. Consiste en hacer memoria con palabras hermosas de puertas para adentro, en dignificar la biografía de los suyos recordando quiénes fueron y por qué ellos están aquí. Muy meticuloso, Andrés atesora viejos documentos para sentir que su progenitor no se fue demasiado lejos. Conserva el DNI y nóminas de las de antes, según traslada Chema. José Ferreiro fue uno de los obreros de la antigua terminal de Lavacolla. Cada día caminaba alrededor de 12 kilómetros a través del monte para ir a trabajar. Como había turnos rotativos de 24 horas, en ocasiones le tocaba ir de noche. "Después llegaba a casa y tenía que ocuparse de las tareas propias de una casa de labranza", continúa el ginecólogo. De hecho, en el retrato aparece con la hoz, un saco y una escobilla. "Signos de que venía del molino comunitario de moer o millo", sostiene Chema rememorando los datos que Andrés dedujo de la foto. "Llevaba la hoz del revés, hacia adelante, para que le sirviera de apoyo a la hora de llevar el resto de las cosas", prosigue parafraseando a su fuente. "Observando la luz, incluso fue capaz de concretar la hora en que se tomó la imagen: serían alrededor de las 17.00 horas", añade. El intercambio de recuerdos tuvo más gestos. Chema le hizo entrega a Andrés del retrato de su padre y a cambio recibió la hoz. "Cuando le quite la polilla, la voy a colgar en algún lado", revela emocionado. En Marantes, también hubo una sesión de fotos -con impresión posterior en papel- para inmortalizar el reencuentro. Ellos ya permanecerán unidos para siempre y ahora cada vez que atraviese la N-550 el ginecólogo ya sabrá poner nombre y apellidos a la vida de aquel paisano que tanto le cautivó.