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¿Qué ha sido de Espinete?

SANTI CARRO  | 20.08.2017 
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¿Quién no recuerda las disertaciones metafísicas, ya de madrugada y cada cual metido en el catre, entre los inefables Epi y Blas? Sí, ojipláticos de nosotros, tiernos televidentes, que escuchábamos muy atentos aquellos debates nocturnos, éramos presa del estupor; ahora bien, lo cierto es que por mucho que se disertara en aquel entrañable dormitorio, ningún seguidor de Barrio Sésamo conocía lo que desayunaban nuestros personajes favoritos… hasta ahora. Tal era el fervor profesado hacia la fruta fresca, que Blas era amarillo y con cabeza alargada porque comía muchos plátanos de Canarias, mientras que Epi era más de naranjas, procedentes de la lejana China.

El plátano es la fruta del deportista por antonomasia: la vitamina B6 que contiene, fortalece el sistema inmunológico conjuntamente con su fibra bifidogénica, esto es, fibra con capacidad de fermentar y alimentar a nuestra flora amigable del colon; además, como buen álcali que es (en gran parte debido al potasio y magnesio), el plátano contrarresta la acidez metabólica producida por el ejercicio intenso, mejorando con ello las recuperaciones tras el esfuerzo físico… y además está tan rico que “entra solo”. Pero Epi tampoco era tonto, porque acompañaba sus revueltos mañaneros con zumo de naranja recién exprimido. La naranja es un cóctel perfecto de sustancias antioxidantes y vitaminas: ascorbato, carotenos, flavonoides, ácido cítrico, glucaratos… nada que ver con los zumos comerciales, por mucho que nos insistan en las etiquetas; eso sí, Epi se comía la fibra que quedaba después de exprimido el zumo, pues sabía que era “pura pectina”, la cual tiene la facultad de rebajar el nivel de colesterol y de servir de forraje a las cepas bacterianas que viven en nuestra panza.

Espinete ya no era tan listo, según lo visto. Para empezar, se ponía un pijama por la noche pero andaba en pelota viva por el barrio, algo carente de toda lógica. Pero lo peor no era eso, sino que prefería la leche uperisada al queso gallego. Así como la leche “en crudo” nos puede sentar una patada en los hígados (al menos a los que ya peinamos canas), no pasa lo mismo con el queso de bola o tetilla (quesos tiernos), porque su lactosa se transforma en ácido láctico y sus proteínas están predigeridas; y además contiene fermentos útiles que nos ayudan en la digestión y que facilitan la absorción vitamínica. Don Pin-Pon era más espabilado, y tomaba queso con denominación Arzúa-Ulloa, no sólo por ser muy rico en vitamina A y en calcio de fácil aprovechamiento (mucho más que el calcio de la leche en crudo), sino porque se digiere mejor que los quesos curados, los cuales son más “peleones” y pueden estar llenos de histaminas alergénicas.

La Gallina Caponata era una adelantada a su época, pues preconizaba que los revueltos de huevos en el desayuno -acompañados de fruta fresca-, constituían la mejor opción posible, cosa que alporizaba a Perejil, vegano acérrimo. Más la estrafalaria gallinácea, no se equivocaba. De hecho, los huevos son uno de los alimentos más nutritivos que existen en el espacio cósmico-sideral y son capaces de reducir los biomarcadores de la inflamación, una serie de proteínas que nos indican que nos estamos inflamando “cosa mala”, especialmente en el caso de la temible “proteína C reactiva” producida por el hígado. Asimismo, los huevos (o zigotos) aportan todas las vitaminas liposolubles, A, E, K pero sobre todo la D, de escasa distribución en la naturaleza; eso sin contar con la colina, la que yo gusto llamar “vitamina bastarda” por haber sido apartada de la alfombra roja, los flashes y el papel cuché en el ámbito científico, característico de las otras 13 vitaminas reconocidas por la oficialidad médica.

La Rana Gustavo era experta en vegetales de hoja verde y mariscos de la ría. La familia de las lechugas-lechugueras aporta muchísimos nutrientes y oxigenan el organismo. Las lechugas, espinacas, rúcula, escarolas o canónigos, entre tantas otras hojas verdes comestibles, revitalizan y alcalinizan el organismo gracias al aporte de “hemoglobina vegetal”, la clorofila, así como de folatos y vitamina K1. También está demostrado que las hojas verdes comestibles aportan sustancias antidepresivas naturales, y estimulan el apetito. En cuanto a los mariscos, el reportero más dicharachero era fan de las ostras, porque representan el alimento más rico en zinc, siendo éste es el mineral favorito de los “crápulas”; tanto es así que el batracio tenía la prueba de paternidad pendiente sobre nada menos que 27 renacuajos… que se dice pronto.

El talón de Aquiles de la cerdita Peggy eran los almidones elaborados con gluten y, aunque no era celíaca, si presentaba –como el 85% de la población mundial- sensibilidad a esta proteína altamente alergénica. En efecto, el gluten opera maliciosamente exteriorizando y manifestando las enfermedades latentes que cada uno de nosotros llevamos dentro, inactivas pero esperando el momento propicio para exteriorizarse, las mismas que están predeterminadas y establecidas en función de nuestra genética; así, a unos cuantos sujetos les empezarán a doler las articulaciones al tomar gluten, mientras que a otros les ocasionará dermatitis, estreñimiento o les saldrán granos. A nuestra amiga la cerdita, el gluten le ocasionaba gases y sobrepeso, pero no tanto debido a la proteína –que también- sino más bien a la amilopectina A, el carbohidrato mayoritario del trigo, que dispara el pico de insulina por los aires y le pone a cualquiera el culo del tamaño de Plutón. Es por ello, que tras acudir desesperada junto a su mejor amiga, la gallina Caponata, ésta le recomendó –muy acertadamente- el cambiar su anacrónica tostada mañanera –untada en aceite-, por un revuelto de dos o tres huevos con frutas tropicales (antiinflamatorias)… y Peggy nunca fue más feliz en su vida, al desaparecer los gases y las inflamaciones intestinales como por arte de magia.

Aunque el que no podía con su farsa era Triki, el monstruo de las Galletas, celíaco reconocido: mucho comer galletas, mucho comer galletas… ¿Pero qué pasa? ¿Nadie se fijaba, que le salían todas para afuera?

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