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ESPECIAL QUINTO ANIVERSARIO DE COmPOSTELA EN fORmA

De las ciencias y las artes de la suplementación deportiva

SANTI CARRO  | 13.08.2017 
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El músculo esquelético es un "artista de variedades": puede subsistir echando mano de variopintos combustibles energéticos según se tercie el asunto; por ejemplo, puede recurrir a la famosa creatina en momentos de apuro (como salir pitando o dar un poderoso salto) o bien puede utilizar ácidos grasos para sustentar un trote ligero; también usa en su beneficio fragmentos hidrosolubles -de un tipo especial de grasa- denominados cuerpos cetónicos, a lo largo de períodos de ayuno prolongado; o echa mano de aminoácidos, en trances de recuperación muscular y, como no, también de glucosa, sea cual fuere el momento u ocasión. Este abanico tan diversificado de combustibles metabólicos, del que se pertrechan nuestros hambrientos músculos esqueléticos, les faculta para hacer frente a todo tipo de adversidades y contratiempos.

Pero, mecachis en la mar, incluso los atletas más abnegados o experimentados pueden llegar a confundirse con respecto a usar -en el momento más propicio- un nutriente con respecto a otro, entre las distintas opciones a elegir. Según el tipo de entrenamiento que se practique (aeróbico, anaeróbico o mixto), conviene diferenciar que tipo de combustible nos va a hacer falta, y si es mejor utilizarlo antes, durante, o después del entrenamiento. El conocimiento sobre qué tipo de nutriente más adecuado aportar, y que protocolo de actuación seguir, es una ventaja crucial que el atleta responsable no debiera dejar pasar por alto.

Quisiera citarle algunos ejemplos, para que me entienda mejor. Los atletas de resistencia, como pueden ser los ciclistas o maratonianos, suelen presentar una fisonomía muy enjuta (delgadita) porque trabajan intensamente su metabolismo "lipolítico", es decir, son capaces de quemar sus panículos adiposos con la mejor de las eficacias y, gracias a eso, tiran millas... y millas; además, como la grasa se almacena en nuestro cuerpo de una forma deshidratada, a muy poquita "lorza" de que uno disponga, puede realizar una gran cantidad de actividad física... eso sí, siempre y cuando se practique de una forma moderada. Muy contrariamente de lo que les sucede a los velocistas, que necesitan fuerza explosiva y la necesitan "ya", y que son muy musculosos porque poseen un metabolismo eminentemente "glucolítico", quiero esto decir que movilizan su glucógeno muscular, así como sus reservas de creatina. Claro, al ser el glucógeno un paquete hidratado de azúcares, pues ocupa su espacio dentro del músculo, de ahí que la musculatura de los velocistas sea el doble de grande que la de los deportistas de fondo, debido precisamente a esa hidratación adicional.

Sin embargo, tanto los deportistas "lipolíticos" como los "glucolíticos", necesitan abastecerse adecuadamente de carbohidratos, durante las competiciones o pruebas deportivas, sino corren el riesgo de enfrentarse a la temible "pájara": en el momento que se consume todo el glucógeno del cuerpo, resulta imposible avanzar "ni un paso más". A tal efecto, los fondistas disponen de en un amplio elenco de suplementos deportivos para tomar ya sea antes, durante o después de la competición, empezando con los famoso geles de maltodextrinas para diluir en agua, o intentando lo mismo con polvos isotónicos, o glucosa pura, o polilactatos, o mezclas de azúcares rápidos con aminoácidos (con arginina y taurina); por no hablar del agua de coco (tan de moda actualmente), o los hidratos de alto peso molecular (estilo Vitargo) e incluso las recién llegadas al mercado de la suplementación, las cetonas... todo este popurrí de complementos pueden utilizar los atletas, como combustible energético de rápida acción, y/o para ir recargando el glucógeno y las energías que van gastando. Lo único que resta a dicha ecuación, es ir probando mediante técnicas de ensayo-error para dar con lo que más se ajusta a las necesidades de cada cual, idealmente bajo el tutelaje de un nutriterapeuta. Así conseguimos mantener estable la glucemia, a lo largo y ancho de las pruebas competitivas.

Pero no sólo de pan vive el hombre: los deportistas de ultra-resistencia, tales como los triatletas, ciclistas o ultra-maratonianos pueden sufrir, además de la depleción hepático-muscular de combustibles energéticos, otro tipo de contratiempos metabólicos, como la excesiva permeabilidad intestinal provocada por la tríada calor-entrenamiento-deshidratación, lo que puede hacer que se cuelen sustancias de alto peso molecular y toxinas dentro del organismo, provocando un tipo de inflamación conocido como endotoxemia. Pues bien, en estos casos puede ir muy bien probar con el aminoácido glutamina, mezclado con los geles o isotónicos, el cual posee la facultad "de sellar" las uniones ocluyentes entre células intestinales (llamadas enterocitos), e impedir que nada indeseable se cuele dentro.

Más los reyes indiscutibles de las mezclas y protocolos de suplementación deportiva, son los culturistas y los forzudos varios, los llamados atletas de fuerza... porque cualquier intento de añadir "más carne al asador" o mejorar la fuerza-potencia, nimio es. Cada año no paran de salir matracas nuevas al mercado que prometen "el oro y el moro", que no hacen sino engrosar el nutrido florilegio de milongas lúdico-deportivas. El último "invento" es el ácido d-aspártico, un aminoácido que -al parecer- aumenta la secreción de hormonas anabólicas mediante una acción neurotransmisora... aunque, una vez asumido el órdago de probar la matraca, se comprueba que del dicho al hecho, hay un trecho.

En cuanto al aporte de aminoácidos, si existe algo que realmente "les chifle" utilizar a las células musculares durante los entrenamientos intensos, ello sería el grupo de tres aminoácidos de estructura similar a las grasas, denominados "aminoácidos ramificados". Curiosamente, es al acabar el entreno anaeróbico (culturismo, halterofilia, sprinters) cuando a las fibras musculares se disponen a utilizar estos aminoácidos, ya sea para cubrir sus demandas energéticas o bien sea para fabricar nuevas proteínas. Gracias a estos tres aminoácidos, el remozado y la síntesis proteica del músculo damnificado están asegurados y, si fuese necesario durante el entrenamiento, el músculo en contracción podría también oxidarlos para disponer de energía extra.

Es decir, diciendo: estos tres aminoácidos poseen facultades anticatabólicas, o preservadoras de la masa muscular, además de energéticas.

Con una dieta rica en proteínas de alta calidad (como las aportadas con la carne, pescado o huevos), no hace falta un suministro adicional de ningún aminoácido en forma individualizada, en suplementos, porque los aminoácidos al igual que las vitaminas, precisan de aportarse todos juntos para que desplegar sus virtudes anabólicas (constructoras de músculo); además, aunque es cierto que los aminoácidos puros y cristalinos -que se venden en forma de complementos-, se absorben más rápido que los presentes en las proteínas dietéticas, también es cierto que crean patrones artificiales de absorción y, por ello, se retienen mal por el cuerpo, excretándose con la orina y el sudor con mucha rapidez tras el proceso de desguace conocido como "desaminación oxidativa". Puede usted mismo, hacer una pequeña prueba "odorífica", tomándose 5 ó 10 gramos de aminoácidos libres antes de entrenar, con un vaso de agua; en un entorno alto en adrenalina, como el que acaece entrenando intensamente con pesas, ciertos aminoácidos se desaminan (se desguazan con fines energéticos, tras librarse de su nitrógeno) en el hígado y se empiezan a acumular muchos desechos nitrogenados, parte de los cuales se expulsarán -con carácter de urgencia- a través del sudor e imprimirán a la piel un repulsivo hedor amoniacal, rápidamente perceptible por el que lo sufre y su entorno más inmediato.

Lo ideal desde el punto de vista fisiológico, visto lo cual, sería tomarse un batido de proteínas de aislado de suero, entre 15 ó 30 minutos después del entreno, para acelerar la recuperación y/o para fomentar un balance nitrogenado positivo, es decir, para impedir que las fibras musculares "se deshilachen" como un jersey de lana viejo. Las proteínas presentes en la fracción del lactosuero son las más completas que existen -junto con las del huevo- y aportan todos los aminoácidos que necesita el músculo trabajado y en más que suficientes cantidades, no faltando añadir más; de hecho, las casas de suplementos que intentan "enriquecer" las proteínas de lactosuero con más glutamina, taurina o aminoácidos ramificados, en un vano intento de desmarcarse de la competencia, lo que en el fondo están haciendo es descompensado el perfil de aminoácidos "inmaculado" que posee el lactosuero, malográndolo; y, ¿para qué intentar mejorar algo, si ya es inmejorable de por sí?

Santi Carro
Nutriterapeuta
centrobenestarsantiago.com