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Adiós a Raquel Costoya (s) Rozas. La pintora de la sonrisa

RAFAEL SILVA (*)  | 18.12.2017 
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La primera vez que vi un cuadro de Raquel -hace ya mucho tiempo- fue precisamente al tomar café en un bar santiagués. El cuadro que estaba allí era una “bailarina”. Era de tal perfección que pensé en Edgard Degás o en Touluse-Lautrec. Pero no.

Estaba firmado por Raquel. Investigué quien era, y dado su carácter extrovertido y su espontaneidad, no fue difícil entablar amistad con ella. Entonces vi y conocí muchos más cuadros que te recordaban la pintura de Marc Chagall (ángeles volando, gentes tocando flautas y violines); pero ella me dijo que pintaba lo que sentía (no era capaz de copiar a nadie ni de pintar paisajes). Ella solo pintaba lo que sentía en su interior. Y no me extraña que su pintura fuera libre, fuera su pintura. No copiaba de nadie ni de nada. Solo pensar en el “significado” de su nombre y apellido, comprenderemos mucho de su pintura. Según la Biblia, Raquel era una de las mujeres de Jacob. Pero Raquel era la joven, la generosa, la guapa. Su hermana Lía, la mayor, (aunque de ojos tiernos), pero no tenía en cambio la belleza de Raquel (Gen 29,15 ss.).

Jacob, entonces, casado con Lía tuvo que trabajar en casa de su suegro siete años más para poder obtener a Raquel como esposa.

En cuanto al significado de su apellido, Costoya o Costoyas (como el mío) es un apellido de “gitanos”; pero no de los que procedían de Hungría y durante la II Guerra Mundial llenaron las cámaras de gas (construidas por las nazis) mientras iban llegando trenes enteros de judíos. Estos pobres gitanos- sin saber por qué- murieron carbonizados (más de dos millones).

Ha pasado poco más de medio siglo y sin embargo, retrospectivamente cuando uno ve aquel espectáculo (lo que resta del Holocausto): cantidad de pelo humano, miles y miles de zapatillas y zapatos, comprende uno las palabras del Papa Ratzinger cuando decía: ¿Dónde estabas Tú, Señor?¿cómo no intervenías haciendo caer lluvia de azufre y fuego encendido del cielo , sobre los causantes de tal masacre?. Tú, Señor, actuaste en el caso de Sodoma y Gomorra (Gen 19,23 ss.), y ahora que el hombre reacciona como decía el filósofo “homo, homini lupus” ,no como lobo, sino como hiena, no actúas.

Pero el apellido de Costoya (s) de Raquel- aunque de origen gitano- es de los que procedían del sur de Portugal: eran libertarios, no se adaptaban fácilmente a las reglas, independientes. De ahí que la pintura de Raquel fuera independiente, libre, pero una pintura preciosa.

Los que la, rodeaban no se dieron cuenta, salvo excepciones del valor. Hoy nadie puede presumir de ser coleccionista de arte sino tiene uno o dos cuadros de Raquel.

Raquel, la pintora y sus circunstancias. Nuestro filosofo Ortega y Gasset, habla ampliamente del hombre y sus circunstancias. El hombre aun tratándose de un genio pueden las circunstancias envilecerlo, anularlo.

A Raquel se le pude aplicar lo que dice la profesora Mª Luisa Sobrino del maestro Villafinez: “si hubiera abandonado este ambiente (ramplón, para los pintores a veces degradante) y se hubiese instalado en París, sobre todo en aquel tiempo en que París era el centro mundial del arte, hoy tendríamos un impresionista más”, como Matisse, Monet, Degás, etc. Villafinez, en cambio claudicó, al final de su vida vendía un cuadro por una taza de vino.

Dos anécdotas nos pueden explicar su genialidad y su decadencia. Laxeiro cuando lo conoció de joven y advirtió sus cualidades y técnica pictórica llegó a reconocerlo como “maestro”. Un día acompañando yo a Laxeiro por Santiago, en la plaza de Galicia me hizo entrar en un bar y sentarme diciéndome: “siéntate ahí y vamos a tomar algo”. Aquí se sentaba también el maestro Villafinez. Para Laxeiro fue un maestro. Laxeiro reconocía sus cualidades como pintor y su fracaso. Podría llamar maestro a Colmeiro o a Picasso, de suyo se conocían, y sin embargo no lo hizo.

Otra anécdota de la que yo fui testigo, es la siguiente: ya anciano, y un día de invierno, frio, y con esa llovizna típica de Santiago, cruzaba con algún amigo la plaza del Obradoiro y mirando de reojo a la Catedral dijo: “ahí quedas cabrona, porque aunque desaparezcas te seguiré pintando (de memoria)”.

Los que se dedican a la venta de sus cuadros, saben que los más cotizados fueron y son los de la Catedral y el Pórtico de la Gloria.

A Raquel le sucedió algo similar, si se desplaza con 18 ó 20 años a París (como lo hizo la polaca Tamara de Lempicka) sería un genio como ella. Esta, la Lempicka, por quien yo tanto trabajé -en cuanto a publicidad- haciendo para la librería Follas Novas marca-páginas, calendarios etc. Yo tengo un cuadro de ella La bella Rafaela, se juzga por los entendidos en el arte que es uno de los dibujos más bellos del siglo XX. Busqué a profesores, críticos de arte y tengo en mi poder cinco o seis certificados que acreditan que la obra es suya. Si por casualidad no fuera, es mucho lo que disfruté trabajando en favor de su pintura. Yo sabía que por el año 1935 en París se convocó un concurso de pintura Art Decó, concurrieron varios pintores entre los que estaban Matisse y Picasso, sin embargo lo ganó Tamara de Lempicka.

A mí no me cabe la menor duda que Raquel, si está allí con su tesón, con su alegría de vivir, con su espontaneidad sería sin duda otra Lempicka.
Las circunstancias familiares no le ayudaron a dar el salto de Santiago a París, a esto se debe que su pintura no sea tan conocida, pero por eso tenemos que concluir diciendo que Raquel llevó dentro de sí ese espíritu innovador, ese trabajo constante “nulla dies sine linea”, esa jovialidad y sonrisa hasta el final.

Raquel y su pintura: un mundo que salía de su espíritu. Ya indicamos que su pintura, a veces se nos parece a Degás (bailarinas), otras a Marc Chagall (ángeles volando).Pero en realidad es su pintura. No copió de nadie. Casi un siglo pintando sin imitar a nadie, sin maestros. De Picasso siempre se dijo que tenía un ojo en Europa y otro en África, se preguntaba ¿que estará haciendo Matisse? y Matisse a su vez se preguntaba ¿qué estará haciendo Picasso?

En nuestros días hay otro pintor -que yo sepa- que hace lo mismo, me refiero a Barceló: esta con un ojo en Occidente pero con el otro en Oriente, (véanse sino sus cuadernos de viaje en Galaxia Gutenberg).

En la pintura de Raquel, hay un mundo propio, su mundo, sus belenes, sus Cristos , sus altares, sus flores, son únicos, no tienen más que belleza, pero no se asemejan a lo que hicieron otros pintores. Yo, como amigo y admirador de Raquel, tanto de su persona (buena, religiosa) como de su pintura, no puedo olvidar una exposición que hice en una galería de un Hotel de Bilbao.La encargada de la sala me dijo que llevara pocos cuadros porque la sala era pequeña. Justo llevé 20 bien enmarcados (eso sí). Y de los 20 se vendieron todos. Los precios eran bajos. Solo uno llegaba a los mil euros, ese fue el último en venderse, pero al final lo compró el director del Hotel. Llevé, guiado por Raquel, precios muy bajos. Si fuera hoy los pondría más caros. Nadie reparó en el precio, al contrario le parecían más bien baratos. Me dejé llevar por aquel consejo de maestro Gracián “lo bueno si breve dos veces bueno”. Aquí también: si lo bueno está barato (yo juzgaba, dos veces bueno). Pero para la próxima vez tengo que aprender: los cuadros de Raquel se venden mejor con precios altos.
(*) Fundador de Follas Novas