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crónica personal

PILAR CERNUDA

Se desvanece el sueño de Puigdemont

14.01.2018 
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A medida que se acerca el 17 de enero, fecha en la que se constituye el nuevo parlamento catalán y punto de partida para la formación del gobierno que surgirá de las elecciones del 21 de diciembre, se desvanecen las posibilidades de Carles Puigdemont de ser elegido presidente. Su esperanza, su objetivo, su proyecto vital.

La causa no hay que buscarla solamente en el hecho de que tanto el informe de los servicios jurídicos del Estado como el de los letrados del Parlament coinciden en que la sesión de investidura obliga a la presencia física del candidato para ser elegido por la Cámara, además de que no se puede gobernar a través de los instrumentos tecnológicos que ha abierto la era de la comunicación; el principal escollo para la elección de Carles Puigdemont hay que buscarla entre sus propios compañeros de la aventura independentista. Hace muchas semanas, antes incluso de que se celebraran las elecciones, distintas personalidades del PDeCAT y de ERC decían en privado que Puigdemont no podía ser presidente. Antes de, porque era opinión generalizada que las elecciones las ganaría la ERC de Junqueras en reñida partida con Inés Arrimadas de Ciudadanos. Después de, por la condición de huido de Puigdemont. Si regresaba a España sería detenido de inmediato.

Cuando planteó su idea de gobernar telemáticamente, no fueron pocas las voces que, sin micro delante y con la promesa de que no se pondría nada en sus bocas, afirmaban que esa situación era absolutamente inviable. Un colaborador de Puigdemont de su época de presidente, llegó a decir que "De lo que no se repone nadie es del ridículo, y que Puigdemont pretenda gobernar desde Bruselas produciría un ridículo internacional del que los catalanes no nos recuperaríamos jamás".

Puigdemont no comparte esa idea sino que, por el contrario, sigue actuando como si fuera el presidente de la Generalitat en activo y con todo el derecho a ser restituido en su puesto.

Una corte de incondicionales, cada vez más disminuida, le hacen la ola y alientan su sueño de gobierno, pero con el transcurso de los días se va imponiendo la realidad: el PDeCAT no ve con buenos ojos su peripecia belga, que Puigdemont no tuvo a bien comunicar a la dirección del partido antes de huir a Bruselas. Por otra parte los problemas judiciales del ex presidente hacen imposible que puede pensar en presidir el gobierno porque su futuro inmediato para por la cárcel o, en el mejor de los casos, por la inhabilitación para ocupar un cargo público.

Para preocupación de Puigdemont no hay día que no se produzca una deserción importante en el independentismo. Empezó Forcadell rechazando repetir como presidenta del Parlament, lo que anunció posteriormente en comparecencia pública para que finalizaran las presiones sobre ella; continuó Carles Mundó en el que se habían puesto tantas esperanzas, y el desánimo fue ya más generalizado cuando en sus comparecencias ante el juez tanto Jordi Sánchez como Jordi Cuixart y el ex conseller Joaquín Forn se declararon independentistas pero contrarios a la Declaración Unilateral de Independencia. Forn y Sánchez le aseguraron al juez que si se mantenía el proyecto independentista por parte del nuevo gobierno renunciarían a su escaño. Forn incluso señaló que solo aceptaría un proyecto independentista si se promovía cumpliendo los requisitos que marca la ley.

Todos estos anuncios sin embargo tuvieron su plato más fuerte cuando Artur Mas convocó a los periodistas para anunciarles que renunciaba a seguir en la presidencia del PDeCAT. Mas, que abandona el barco cercado por la Justicia -inhabilitado, con sus bienes embargados y con la espada de Damocles de la sentencia del caso Palau- es sin embargo el principal responsable de la agonía que vive Cataluña, empezando porque fue él quien propuso designar a Puigdemont candidato a la presidencia de la Generalitat cuando la CUP condicionó su apoyo a la investidura a que no fuera Mas el candidato.

Cada vez se alzan más voces contra Puigdemont. La más significativa, la de Joan Tardá, coportavoz de ERC en el Congreso de los Diputados: "Nadie es imprescindible".

Periodista