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Villa y corte

JOSÉ RAMÓN ÓNEGA

De mugres y tormentas

14.01.2018 
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AQUÍ y ahora en este país, navega una clase política que con honrosas excepciones, confunde el culo con las témporas. Ya Emilio Castelar creía que "las coaliciones son siempre muy pujantes para derribar, pero son impotentes para crear". La política es un predio en que sinvergüenzas y advenedizos encuentran terreno abonado para sembrar venenos y cosechar trampas. Winston Churchil, que sabía de esto, aconsejaba que "el político debe ser capaz de predecir lo que va a ocurrir mañana, el mes próximo y el año que viene, y de explicar después por qué no ha ocurrido". Esto es lo que practican muchos políticos de hoy sin que les caiga la cara de vergüenza ni les tiemble la voz. Porque un buen político es aquel que, tras haber sido comprado, sigue siendo comprable", como también añadía el ilustre patricio británico. Me tengo yo pavoneado por aquí de que soy matrícula de honor en Derecho Político, merced que me concedieron, supongo que legítimamente, los profesores Lucas Verdú y Baldomero Cores. Acaso la política es el arte de obtener dinero de los ricos y sudor y votos de los pobres. Terreno abonado, en fin, que permite a los políticos servirse de los votos haciéndoles creer a los votantes que su voto es un cañón o un misil que les abrirá las puertas de la felicidad.

SIEMPRE IGUALES. Aunque los hubo siempre, tenemos ahora políticos tan originales que se creen hijos de Zeus existiendo ejemplares de zorros de cuidado que hacen realidad la opinión de que cuando se elige al más tramposo de todos, parece que no se es demócrata. Por aquí tengo traído a colación lo que Nikita Kruschev decía de que los políticos eran siempre iguales: prometían construir un puente incluso donde no hay río. Quienes bordan con más claridad y eficacia esta cualidad son, sin duda, los catalanes. Un Puigdemont que se pasea por las calles heladas de Bruselas, convirtiendo en duda y misterio quién le paga las vacaciones, que vive sin trabajar y piensa usar la telemática para presidir la Generalitat. Es todo un capítulo de interrogantes políticos que los redactores de horóscopos tratan de fijar. Los estudiosos de Derecho Político están tratando de elaborar teorías nuevas para encajar estas novedades. Presidir un país desde el extranjero, en el exilio, sería todo un antecedente que crearía jurisprudencia. No en vano alguien expresó que "la política es una casa de putas en la que las pupilas son feas".

TRAMPA SADUCEA. No se debe olvidar que la política es, en gran medida, maniobra y trampa saducea. Sale a la palestra una tal Rosa María Miras, internauta condenada, largando impúdicamente que Inés Arrimadas, que ganó limpiamente las elecciones en Cataluña, "es una perra asquerosa que merecía que la violaran en grupo". Si algunos no están locos, son hijos de Satán. El insulto político ha dejado de ser pasión para devenir en delito. Con todo, están retirando velas. Los líderes del procés ya contienen lenguas viperinas y excesos verbales y, según parece, dejan aislado a Puigdemont. Incluso Jordi Cuixart, presidente de Ómnium, ya dice que "el único referéndum válido" será el que pueda convocar el Estado. Otros separatistas se creen hijos de Zeus pero el dios pagano protege solamente a los que le ofrendan realidades, no quimeras. En política cabe todo o casi todo. Rodrigo Rato ha salido al patio afirmando en el Congreso de Cuentas que "el Gobierno me quería meter en la cárcel", acusándole de orquestar las intrigas que concluyeron con su arresto. Aún recuerdo yo cuando entraba Rodrigo en las asambleas y reuniones y temblaba el orbe. Su caída fue tan brutal que quedará en la historia la detención en su casa con el policía sujetándole la cabeza al entrar en el coche. Los ratos son okupas de las casas labriegas que devoran las despensas aldeanas y que los gatos cazaban con saña.

humanidad. Nietzsche escribió que la política era el campo de trabajo para ciertos cerebros mediocres. No le faltaba razón. Hay políticos que dividen la humanidad en dos clases: los instrumentos y los enemigos. Por eso ha devenido en fracaso y caos la operación de retorno a casa de cientos de automovilistas atrapados en la gran nevada. Tengo yo que decirle a mi amigo el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, que cuide sus nombramientos. Zoido es magistrado competente y serio que sabe de esto. Fue delegado de Castilla- La Mancha y Andalucía y un día me llamó a Lugo para resolver un problema grave de orden público. A la sombra de los tilos de la plaza del viejo consistorio lucense, estuvimos, móvil en mano, dos horas resolviendo un problema grave. Con la nieve, todos los años baja el dios de las tormentas a helar los atributos de los conductores. Una vez sustituí a Leopoldo Calvo-Sotelo como subsecretario del Interior, y se armó un zafarrancho parecido al que tuvo lugar esta semana navideña. Ordené yo el corte y cierre de algunas autopistas y el entonces director general de Tráfico me respondió, tan pancho, que la libertad de circulación era un derecho constitucional que no procedía violar. ¡Oh, dios de las tormentas y catástrofes, baja a la tierra para dar de hostias a estos incompetentes! Pero no se me amontonen, viejos, diría un mexicano fino. Susana Díaz, presidenta de Andalucía, permitirá a los funcionarios que realicen, desde casa, 2,5 horas a la semana de actividades pagadas, disponiendo, a tal fin, un curso de budismo o mindfulness. Con algunos genios que nos gobiernan, ya entendemos algo de las teorías de Puigdemont sobre su proyecto de gobernar Cataluña sin pisar Las Ramblas. Lo dijo, rotundo, un marxista honrado como Tierno Galván: "En política se está en contacto con la mugre y hay que lavarse para no oler mal".