El Correo Gallego

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JAIME BARREIRO GIL

La señora que porta la voz

15.02.2018 
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ESCRIBIR sobre algo días después de que haya sucedido, tiene la virtud de sosegar la crítica, para sostenerla sin acritud, aunque bien que me pareció burda, grosera y torpe la actitud de la persona que porta la voz de Podemos en el Congreso, incurriendo voluntariamente en una perversión de la lengua, con la intención de que también las palabras quedasen marcadas por las huellas de la política. Como puede desprenderse de la consulta en el diccionario, ya lo están, y ello es, precisamente, por culpa de un uso que responde, inevitablemente, al pensamiento dominante en el momento en que fueron incorporándose a él. Y si el caso es como nos hemos referido a la mujer en el pasado, no puede sorprendernos que su sentido sea subordinado, incluso mezquino y ofensivo.

Ese no es el problema. Lo sería si ahora que somos conscientes de nuestros propios pretéritos, no hiciésemos el esfuerzo de no caer de nuevo en los tópicos sobre lo femenino que, por lamentable que sea, aún alimentan nuestra memoria, logrando reproducirse con mayor sutileza, sí, pero aún de forma tan grosera, en nuestra manera común de hablar.

Hasta aquí, creo que podemos estar de acuerdo, incluso la señora portavoz y yo. Pero no puedo estar más radicalmente en contra de que esa revisión de nuestra relación con las palabras, su uso y significados, se haga de manera burda, como ella ha hecho. Se trata de una tarea sutil, delicada, que no puede llegar al extremo de poner en riesgo la unidad, corrección y desarrollo de la lengua. Y una de las maneras de desequilibrar la lucha entre ambos objetivos, el de la revisión y el de la corrección, es usarla con desdoro ideológico. Hacerlo no sólo no ayuda a resolver el problema, sino que por añadido ridiculiza la causa, como se ha visto.

Y que eso, lo haga persona con estudios superiores, es doblemente grave, porque ella, mucho más que otros, debe ser consciente de la importancia definitiva del uso pulcro y prudente de la lengua, para dar sostén a todo lo que podamos considerar alimento de sabiduría, cultura, ciencia o conocimiento. Es la gran herramienta, la más sutil y productiva.

Este tipo de errores, además, de ninguna manera deberían producirse en la tribuna más privilegiada y principal del país. La tarea de un parlamentario también debe ser lingüísticamente escrupulosa. La señora que porta la voz, debe ser consciente de su gran responsabilidad. Interesa tanto lo que dice cómo la forma en que lo hace: entre esos mimbres también se muestra del nivel educativo y cultural del país. Y político también, claro, por supuesto.

Doctor en Economía