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CARLOS LUIS RODRÍGUEZ

Valedora imperialista

12.01.2018 
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MÁS de tres mil gallegos residentes en Venezuela llevan varios meses sin cobrar sus pensiones y la valedora quiere hacer honor a su nombre (Milagros) y reparar su angustiosa situación. Una situación que, como cualquier buena dictadura, el régimen de allá ni siquiera reconoce. Ni paga ni admite que no paga, lo cual complica las medidas de socorro que puedan adoptarse desde aquí. La pregunta es qué hará el personal diplomático que el presidente Maduro tiene distribuido en partidos como En Marea y el BNG, tradicionales hinchas de lo bolivariano. Si apoyan la iniciativa milagrosa estarán reconociendo que Venezuela les roba a nuestros paisanos (encajaría en este caso el lema independentista), y si la rechazan quizá los estén condenando a la penuria.

Lo raro es que no lo supieran. Hace poco un diputado populista gallego participó en Caracas en un acto de apoyo a la casta gobernante en el que, entre otras cosas, se rechazó enfáticamente cualquier injerencia imperialista. Habría que saber si este parlamentario considera que socorrer a la colonia gallega es una injerencia imperialista, o si morir de hambre forma parte del compromiso revolucionario. Pero además parece evidente que sólo se dedicó a los saraos oficiales y se mantuvo alejado del populacho que se queja de vicio. No vio nada ni oyó nada, a pesar de que se trata de un nacionalista correoso que pone al pueblo gallego por bandera.

El caso es que entre el galleguismo y el chavismo optó por el segundo. No se acongoje, porque siempre hay una oportunidad de redención. Admitamos que en esa turné fue corto de vista y duro de oído y sólo vio y oyó la propaganda de la dictadura. Ahora podría reparar el pecado presentando en el Congreso de los Diputados donde se sienta una iniciativa denunciando el expolio de las pensiones gallegas, y respaldando las a­cciones humanitarias de la Xunta y el Gobierno. ¿Lo hará? De hacerlo estaríamos ante otro milagro que habría que cargar en el haber de nuestra valedora.

Esos pobres pensionistas que sufren en silencio su situación padecen la terrible paradoja de este tipo de dictaduras. Si se quejan o protestan se convierten en enemigos de la revolución y del pueblo, o sea, de ellos mismos. El régimen los utiliza como excusa, como coartada y decorado, y ellos han de resignarse a aguantar la miseria con la esperanza de que habrá un mañana en el que la revolución podrá compensarles por sus sacrificios. El "mañana" que figura en algunos bares antiguos de nuestra tierra convenientemente enmarcado. "Hoy no se fía, mañana sí". El coronel no tiene quien le escriba y tampoco las víctimas del populismo autoritario. Al menos estas tienen la suerte de contar con un hada madrina que pelea contra las trabas administrativas para enviar un poco de esperanza. ¿Cuál será la reacción de nuestro diputado y sus correligionarios ante el dilema que se les plantea? El Estado del que tanto abominan va a socorrer a ciudadanos del Estado que tanto admiran. Son capaces de acusar a Milagros de agente del imperialismo.

Periodista