El Correo Gallego

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CARLOS LUIS RODRÍGUEZ

La quita y los adivinos

15.02.2018 
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ESTAMOS seguros que algunos líderes de la oposición gallega no tendrán problemas laborales cuando dejen su actual ocupación. Son aptos para cualquier profesión ¿Cualquiera? En realidad hay una excepción. Mejor que no monten un consultorio de vidente, o se ofrezcan como adivinadores o profetas porque en estos menesteres no dan una. Antes de pronosticar acontecimientos relacionados con el presidente de la Xunta, deberían acudir al horóscopo para evitar el ridículo. Confunden lo que está reflejado en los astros con su deseo, y eso los pierde una y otra vez.

La última profecía fallida se refiere a la quita. Aún estaban humeantes en los medios los vaticinios de que Feijóo iba arrodillarse ante su partido, rendir pleitesía a Montoro y traicionar a Galicia, cuando justo al lado se daba la noticia de que el PP hacía suyas las tesis albertinas. De nuevo esta oposición ansiosa se convertía en la mejor colaboradora del inquilino de Monte Pío, al crear una expectación adicional en torno a su persona. Los portavoces (y portavozas) de la oposición llevan tiempo haciendo de teloneros que anticipan el número de la gran estrella. Suyo es ese redoble de tambor que antecede en los circos a la aparición del gran domador o el gran malabarista, con la diferencia de que los tamborileros quieren que al presidente lo coma el tigre, o que le caiga alguno de los platos que giran en la pértiga.

Una vez que el tigre no lo devora ni los platos se le caen, los agoreros vuelven a entrar en letargo o regresan a sus siempre amenos conflictos domésticos. La vida sigue igual que diría Iglesias, Julio. Además de incrementar la emoción sobre las gestas presidenciales, la torpeza aumenta porque permiten que un logro como este de la quita haya que atribuírselo a Feijóo en solitario. Nadie puede decir ahora que el trascendental cambio sobre la deuda autonómica, se debe al apoyo solidario de la oposición gallega. Una parte se mantuvo simplemente expectante y otra se relamía pensando en la derrota del presidente, aunque eso también supusiera un quebranto para los intereses de Galicia.

Quitar la quita es un éxito que brilla más debido a las posiciones vicarias de cierta oposición en materia de desarrollo autonómico. Mientras que Feijóo ha mantenido su criterio en contra de la opinión de miembros notables de su partido, otros siguen genuflexos ante el nacionalismo catalán o vasco, haciendo de Barcelona o Vitoria la Meca hacia donde se orientan. Hay una diferencia sustancial entre llevar el criterio gallego a Madrid y defenderlo con argumentos solventes, y traer a Galicia los criterios de Puigdemont acompañándolos con unos cuantos grelos para disimular. Sin embargo los importadores de políticas ajenas siguen reclamando para sí la exclusiva de la galleguidad. En fin que hay líderes y lideresas de la oposición poco dotados para el meigallo y la profecía. Según ellos, el presidente se está yendo desde que llegó, y no cabía ninguna duda de que tendría que tragar con la rueda de molino de la quita. Son como el adivino que pregunta quién llama a la puerta.

Periodista